LO QUE QUEDO

De Adriana Tursi y Patricia Suarez
Dirección: Corina Fiorillo
Obra seleccionada para:
El programa Corredores Teatrales 2008 de la Provincia de Buenos Aires.

Dijo:

Por Hilda Cabrera para Página 12 - 23 /04/08
"... la directora Corina Fiorillo plantea una resistencia teatral a las palabras vaciadas de contenido, subrayando la devastación que produce en cada individuo el poder autoritario. Y lo patentiza en Lo que quedó (historias de posguerra) ..."

por Osvaldo Quiroga - LANACION - adncultura
"La impecable interpretación de Susana Di Jerónimo no deja lugar a dudas sobre la huella que dejó en este personaje el haber participado de situaciones tan traumáticas como absurdas y dolorosas. Esas mismas huellas, que horadan el psiquismo y se proyectan a la sociedad en su conjunto, son las que deja traslucir el entrañable cómico, mago, humilde judío interpretado de manera admirable por Alejo Mango en Sal y ceniza."

Página 12 Viernes 21 /03/08
"Dos grandes intérpretes dan vida escénica a los personajes de tres piezas breves..."

Por Silvia Sànchez Urite -Notas de Teatro- 18-04-08
"Las actuaciones de Susana Di Gerónimo y de Alejo Mango son notables, y están sustentadas en textos sólidos de Patricia Suárez y Adriana Tursi. La iluminación de Soledad Ianni es protagónica y brinda los climas emocionales acordes con cada escena. El vestuario y la escenografìa le dan verosimilitud a la trama, y están milimetrados en cada detalle. Finalmente, la dirección de Corina Fiorillo logra que no haya excesos en piezas que podrían desbocarse. Cada línea, cada gesto están coreografiados para lograr las excelentes actuaciones de Di Gerónimo y Mango."

por Marcelo Mendieta - el informatorio
"Lo que quedó es un magnífico retrato sobre personajes anónimos de posguerra" " ...Lo que quedó conmueve, sacude pero nunca deja de aliviarnos con un guiño, una sonrisa, aún en medio de tanta desolación."

ANSud.com Martes 18/03/08
"... tres relatos sencillos pero contundentes ..." , "Con excelentes actuaciones de Susana Di Gerónimo y Alejo Mango, las tres piezas conmueven y abren interrogantes."

Hector Oliboni
"El espectáculo es muy entretenido, y contiene dentro, y a pesar, de su temática mucho humor, para que los espectadores puedan disfrutarlo y al mismo tiempo reflexionar ..."
"El trabajo de la dirección a cargo, Corina Fiorillo, logra unificar todo los materiales y disciplinas dentro de un discurso coherente, e imprime asimismo al trabajo actoral una muy clara definición de estilo."

Gabriela García Morales - 19/03/2008 para CulturAR.com
"
Las historias son fuertes pero están basadas en situaciones cotidianas que son las que nos hacen sentir que podría pasarle a cualquiera, sin golpes bajos y con el humor como valor en la reflexión y necesario para transmitir el miedo y el horror que estos personajes padecieron." " ... el encuentro se vive con gran intensidad. "

Gabriel Peralta - 17/03/2008 para Critica Teatral
" Fiorillo deja, con muy buen criterio, que las historias y los personajes se impongan en todo su peso."

Diego Braude - para Imaginación Atrapada
"El relato que persiste"- "
Lo que busca quedar, en defini tiva, más allá del texto, es algo tan efímero como duradero. Es la memoria en el cuerpo, en la voz, en un acto reflejo. Es la necesidad de supervivencia que deja sus marcas. Es el haber estado con la cabeza al final del cañón de un arma. Es haber creído en un sueño loco que ahora se cae de a pedazos para mostrar la monstruosidad que ocultaba y ¿cómo tolerarlo?"


eNescenaHOY - 30-03-2008
"Lo que quedó …. después de la guerra, la vida continúa.”

LA NACION - 11-04-2008 - Alberto Catena
"Alegatos de la gran guerra. Tres obras con actores de jerarquia ..." "
Los textos, que son de Patricia Suárez, describen con fina y certera percepción detalles de la expresión verbal y la psicología de sus criaturas ..."
" La última de las historias pertenece a Adriana Tursi y es del tríptico la más teatral."
"...
no es un juego inocente, sino un auténtico delirio en el que las consignas e imágenes del pasado se instalan como un mandato irresistible que rompe todas las compuertas de la cordura ..."

"
Susana Di Gerónimo y Alejo Mango se mueven con absoluta compenetración de lo que exigen sus personajes y le dan una carnalidad diferenciada. Los suyos son trabajos muy logrados"
Eva Matarazzo - 11-04-2008 para Casting Porteña - periodismo de espectáculos y producción.
"Micro historias después del dolor"
"Las tres historias se sitúan tras la finalización de la Segunda guerra mundial, y muestran como los horrores sobreviven en las pequeñas situaciones cotidianas, pero están abordadas con una beta de humor que les otorga cierta frescura y las aleja de un acostumbrado tono solemne."

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“Desesperación condensada después de la Segunda Guerra Mundial”-

Las tres obras que componen esta puesta son: “Isolda muerta de hambre”, y “Sal y ceniza” de Patricia Suárez, y “Los huéspedes” de Adriana Tursi. En todos los casos nos encontramos con historias sustentadas en las resquebrajaduras que dejó la Segunda Guerra Mundial en la vida cotidiana. No son historias de líderes, ni de guerreros sino del pueblo que debió soportar hasta sus propios límites los afanes de grandeza de otros seres con màs poder.

En “Isolda muerta de hambre”, Susana Di Gerónimo nos va a contar la historia de una mujer que, debido a las privaciones que sufren sus hijos, se va a sacrificar para poder asistirlos en un mundo con la tierra seca y árida, en las afueras de un pueblito de Italia. Su composición es inmejorable. La actriz pone todo de sí para encarnar a esta mujer que merecería estar entre las musas de García Lorca por su enorme sufrimiento.

Alejo Mango es un mago entrado en años y despreciado por su amante en “Sal y ceniza”. Al principio, parece todo una reyerta amorosa, pero el rival que tiene es un antiguo oficial nazi que él vio en los campos de concentración. Mango se desviste y se viste con elegancia, como los galanes de las películas del cine clásico. Esta acción física acompaña su ruego ante la mujer que ama o sólo posee, de manera precisa.

Di Gerónimo y Mango se unen en la tercera pieza, "Los huèspedes", para dar vida a un jerarca nazi y su mujer, en desfile triunfal por las calles de Europa. O al menos eso parece al comienzo; la obra va a tomar un doblez que marca una representación dentro de la representación. Los dos intérpretes son inflexibles en ambos roles. La imitación de lo que ya fue, el dolor de ya no ser, como dice el tango, afloran en estas dos personas desesperadas.

Las actuaciones de Susana Di Gerónimo y de Alejo Mango son notables, y están sustentadas en textos sólidos de Patricia Suárez y Adriana Tursi. La iluminación de Soledad Ianni es protagónica y brinda los climas emocionales acordes con cada escena. El vestuario y la escenografìa le dan verosimilitud a la trama, y están milimetrados en cada detalle. Finalmente, la dirección de Corina Fiorillo logra que no haya excesos en piezas que podrían desbocarse. Cada línea, cada gesto están coreografiados para lograr las excelentes actuaciones de Di Gerónimo y Mango.
Por Silvia Sànchez Urite - Notas de Teatro. 18-04-2008

Lo que quedó es un magnífico retrato sobre personajes anónimos de posguerra

Son historias de posguerra, como bien indica el subtítulo de esta magnífica trilogía de obras cortas, Lo que quedó, que se ofrece todos los sábados a las 23, en el porteño Teatro del Pueblo.

Las autoras Patricia Suárez -responsable de los 2 monólogos sobresalientes que abren la puesta- y Adriana Tursi situaron la acción en la debacle del nazismo, pero los textos bien pueden aplicarse a cualquier caída de una dictadura, en cualquier tiempo y lugar , tal cual explica en el programa la directora, Corina Fiorillo.

Con los protagónicos a cargo de 2 veteranos y muy solventes actores, Susana Di Gerónimo y Alejo Mango, Lo que quedó conmueve, sacude pero nunca deja de aliviarnos con un guiño, una sonrisa, aún en medio de tanta desolación.

La precisa marcación de Fiorillo se nota con claridad en los monólogos: sentada en el banquillo, Di Girónimo se luce en Isolda muerta de Hambre, en una demoledora estampa de una mujer y madre sufrida, humillada y víctima de las debilidades humanas que esconden -o exponen- los conflictos bélicos. La composición produce ternura y, por momentos, mueve sentimientos encontrados, contradictorios, como casi todos los actos de quienes pasan situaciones límites.
Mango despliega en escena su experiencia y talento. Puede hacernos derramar una lágrima o provocarnos una carcajada que parece fuera de lugar... Aún en los momentos más trágicos aparece el humor como un elemento catalizador, que espanta el miedo, la muerte. Sal y Ceniza es una perfecta composición de un hombre casi desnudo en todo el sentido de la expresión.

Cierra Los Huéspedes, de Tursi, con un tono perturbador, siniestro, que llevan muy bien este dúo de notables intérpretes.

Merecen destacarse también el diseño de iluminación de Soledad Ianni (habitual objeto de reconocimientos y responsable de las
fotos que acompañan este comentario) y la escenografía y vestuario de Carlos Di Pasquo.

En Lo que quedó no hay héroes: nada más y nada menos que personas de carne y hueso, que sobreviven cómo pueden un drama que los tiene como protagonistas involuntarios, desvalidos; en el fondo, inocentes.

Marcelo Mendieta - el informatorio

HERIDAS DE GUERRA

"Lo que quedó" presenta dos relatos de Patricia Suárez, una obra breve de Adriana Tursi y dos excelentes actores que se turnan en los roles creados desde las marcas que deja el sufrimiento de la guerra.

El Teatro del Pueblo resulta un lugar especial para una obra que se sumerge en sobrevivientes del horror. Hay que bajar una escalera que lleva a la sala donde con apenas un teléfono, una mesa, una silla y algunos elementos mínimos de vestuario, Susana Di Gerónimo y Alejo Mango dan vida a los personajes bajo la dirección de Corina Fiorillo.

La obra está dividida en tres historias que suceden en la posguerra. La primera es Ysolda, una mujer que perdió “todo menos el hambre” en esa época de horror y desamparo absoluto. Esta mujer cuenta cómo logró atravesar esa época gracias a un esmirriado alemán que a cambio de amores le daba comida, a ella y a su pequeño hijo. La segunda, Sal y Ceniza es quizás la más lograda, tanto la historia en sí, como la actuación de Alejo Mango. Mango interpreta a un mago judío que en una de sus presentaciones se cruza con uno de los jerarcas nazis que decidía sobre la vida y la muerte de los prisioneros. Resulta conmovedor el ruego que le hace a su colaboradora para que no vaya a compartir la noche con ese ser siniestro personaje que la invitó a su cuarto de hotel.

Finalmente cierra la obra Los huéspedes que muestra el juego de dos sirvientes que simulan ser sus propios amos, Herman y Karin Goering. Una manera de soportar las humillaciones de estos patrones.

Las historias son fuertes pero están basadas en situaciones cotidianas que son las que nos hacen sentir que podría pasarle a cualquiera, sin golpes bajos y con el humor como valor en la reflexión y necesario para transmitir el miedo y el horror que estos personajes padecieron. Es una obra que aprovecha el espacio pequeño de la sala donde los actores están cerca del espectador y el encuentro se vive con gran intensidad.

Por último, la música que enlaza las tres obras y que marca el final de la obra pone de manifiesto que todo seguirá siendo un elemento de diversión, casi de cabaret mundano, si no nos damos cuenta que no son historias de otros son nuestra historia. Lo que quedó refleja una parte de nuestra humanidad contada por seres comunes, tal como cada uno de nosotros.

Gabriela García Morales - 19/03/2008 para CulturAR.com

FM La Tribu - Programa Dionisio

"Lo que quedó" es el acertado título encontrado para un espectáculo compuesto por tres textos, pertenecientes a las dramaturgas argentinas Patricia Suárez y Adriana Tursi.
Decimos acertado porque “Lo que quedó” tiene que ver con las consecuencias que se sufren, sobre todo a nivel humano, después de una guerra. Si bien en este espectáculo se refieren, o tienen que ver, con historias de seres humanos comunes al terminar la segunda guerra mundial, las consecuencias pudieron darse en cualquier otro conflicto en distinto tiempo y lugar.
El primer texto “Isolda muerta de hambre” original de Patricia Suárez cuenta la historia sencilla de una mujer que se entregó a un soldado enemigo por hambre. Una estupenda interpretación De Susana Di Gerónimo le otorga una notable carnadura al personaje. La segunda “Sal y Ceniza”, también de Suárez, narra la pequeña venganza que un cómico judío realiza sobre un espectador, antiguo oficial nazi. Aquí también hay un muy buen trabajo del actor Alejo Mango. Y la tercera “Los huéspedes” firmada por Adriana Tursi, es un interesante entramado entre ficción y realidad, que remite, a través de las imágenes y de la interpretación, a muchas otras historias reiteradas, inclusive metafóricamente.
El espectáculo es muy entretenido, y contiene dentro, y a pesar, de su temática mucho humor, para que los espectadores puedan disfrutarlo y al mismo tiempo reflexionar, y se halla enmarcado en una ajustada y convincente escenografía creada por Carlos Di Pascuo. El trabajo de la dirección a cargo, de Corina Fiorillo, logra unificar todo los materiales y disciplinas dentro de un discurso coherente, e imprime asimismo al trabajo actoral una muy clara definición de estilo.
Hector Oliboni.

La otra posguerra - Pagina12

Dos grandes intérpretes dan vida escénica a los personajes de tres piezas breves agrupadas bajo el título Lo que quedó, que remiten a historias de gente común marcada de distinta manera por episodios de la Segunda Guerra, relacionados con el nazismo y el fascismo. Se trata de Alejo Mango y Susana Di Jerónimo, quienes actúan con sobresaliente calidad sendos monólogos (Isolda muerta de hambre y Sal cenizas, de Patricia Suárez) y forman una patética pareja que evoca a Las criadas de Genet en Los huéspedes, de Adriana Tursi, quizás el trabajo más valioso desde el texto y la puesta (de Corina Fiorillo): dos sirvientes representa los últimos momentos del matrimonio Göering, interrumpidos por señales de la realidad que desoyen en un estado de confusión que llevará a un desenlace inexorablemente fatal.
Las/12|Viernes, 21 de Marzo de 2008

Restos que surgen cuando la memoria hierve la existencia


Buenos Aires, mar. 18 (ANSud.com) - Aunque la vida se arranca los chalecos de fuerza que la constriñen, las riñas dejan marcas que arden a la luz de la cotidianeidad. Y cuando la magnitud de las trifulcas y los avatares que condicionan a las personas tienen la horrorosa dimensión de una guerra, la historia lega llagas incurables. Tal es la sensación que gravita sobre Lo que quedó, obra escrita por Adriana Tursi y Patricia Suárez y dirigida por Corina Fiorillo.
La puesta narra el peso del holocausto durante la 2ª Guerra Mundial en personas que se pusieron la vida al hombro cuando cayó Adolf Hitler. A través de tres relatos sencillos pero contundentes, Ysolda muerta de hambre, Sal y Ceniza y Los Huéspedes, se desmadejan los hilos que agrietan, zanjan y entretejen la existencia de los que huyeron, los que perdieron padres e hijos en el frente de batalla y los que fueron artífices y cómplices del genocidio.
Con excelentes actuaciones de Susana Di Gerónimo y Alejo Mango, las tres piezas conmueven y abren interrogantes. Con escenografía despojada y cuidadosa composición sonora e iluminación, cada relato insufla en el espectador la necesidad de preguntarse si la justicia alcanza al que perpetra las crueldades, si los valientes sobreviven o la subsistencia es derecho de cobardes y si la memoria colectiva se diluye bajo el ácido corrosivo de la posteridad.
Angustia la crudeza con que Ysolda vuelve sobre su pasado y cuestiona las humillaciones que sufrió cuando el pueblo supo que aceptó favores de un soldado alemán. Hierve la sangre con el encuentro del ex prisionero que rehizo su vida junto a una mujer joven, que coquetea con el oficial nazi responsable de las listas de los que tendrían la cámara de gas por destino. Y robustece la complejidad de la perversión el modo en que los dos sirvientes asumen el rol de sus propios amos en el último relato.
Si la pregunta acerca de lo que quedó abre caminos, con esta obra también se insinúa una respuesta: la vida se escribe con el cuerpo. Ya decía el fenomenólogo Maurice Merleau-Ponty que “así como no hay historia sino para un sujeto que la vive, tampoco hay más sujeto que el situado históricamente.”
Pablo Di Pierri

La guerra que atraviesa al hombre común

Obra con dramaturgias de Adriana Tursi y Patricia Suárez con dirección de Corina Fiorillo.
El hombre común frente a la guerra. Sus transformaciones, sus valentías y cobardías, junto con sus profundas contradicciones, son expuestos en Lo que quedó (historias cotidianas de posguerra) de Adriana Tursi y Patricia Suárez, con dirección de Corina Fiorillo.
El espectáculo esta integrado con dos monólogos y una obra corta. Lo interesante del planteo dramaturgico, es que las historias se centran en seres que los acontecimientos bélicos, al atravesarlos, modificó sus vidas sustancialmente. No se tratan de soldados, ni de jefe de estados, sino de personas que vieron fracturada su simple vida al caerse sobre si ese aluvión llamado guerra. Así se puede observar el costado más terrorífico y más silenciado de todo conflicto bélico: al ser humano desnudo, desorientado, que tiene a su mano solo el instinto de supervivencia.
Fiorillo deja, con muy buen criterio, que las historias y los personajes se impongan en todo su peso.
Una mujer que pone la vida por sobre todo (Isolda muerta de hambre), un hombre que ajusticia su pasado (Sal y Cenizas) -ambas de Patricia Suárez-, y dos seres que juegan una terrorífica puesta escena de la muerte -con algunas resonancias de personajes de nuestro pasado- (Los huéspedes) de Adriana Tursi, son los instantes en que estos seres desenmascaran los crueles resabios de la guerra.
Los monólogos, impecable en sus resoluciones, dejan paso a la obra breve que al no dejarse ganar por el delirio no logra tensiones dramáticas.
Las misma consideración cabe para las actuaciones de Susana Di Gerónimo (excelente el trabajo de sus manos), y de Alejo Mango (consuma un personaje patéticamente digno), sin embargo el trabajo en conjunto queda a mitad de camino.
Carlos Di Pasquo logra un buen diseño espacial conteniendo a las tres obras.
El diseño de luces de Soledad Ianni elige el clima expositivo.
Lo que quedó (historias cotidianas de posguerra) es un espectáculo que sirve para reflexionar acerca de como la guerra destruye y devasta al ser humano.

Gabriel Peralta - Crítica Teatral - 17/03/2008

El relato que persiste

Cuando se vuelve sobre un evento altamente traumático, se puede ir a su presente histórico, o a su tiempo posterior, a lo que quedó, a la memoria como construcción de ese pasado, tanto al nivel del relato como desde lo corporal. ¿Cómo resuena esa época en los hombres y mujeres que la atravesaron?

“Lo que quedó” busca trabajar, precisamente, sobre esa consigna. El nazismo marcó un siglo entero, hay un antes y un después. Lo que es difícil de aprehender, es el hecho de que aquello que leemos en los libros de historia fue protagonizado, en la medida micro, por hombres y mujeres, cuyas historias y traumas no pasaron sólo por la experiencia del campo de concentración, sino por algo mucho más abarcativo.

Dos monólogos y una tercera escena constituyen la estructura. Son viñetas, trazos, rastros en los discursos de estos personajes. Porque hay un detalle, bizarro, si se quiere: la vida continuó, y estos personajes debieron seguir con ella.

La primera escena es una mujer italiana hablando, presumiblemente, a cámara, a punto de ser entrevistada para lo que puede ser un documental o un programa de televisión. Cuenta su historia, la de una mujer que quedó sola con sus hijos en medio de la guerra, la de quien conoció el hambre y debió ingeniársela para sobrevivir, incluso realizando actos que luego le valieron el repudio. ¿Es posible juzgarla? ¿Desde dónde? ¿Qué sabemos nosotros, muchos de nosotros, del hambre en serio? La escena, como las que le siguen, es despojada, sólo ella, hablando.

En segundo término, un mago, un entertainer, judío, discutiendo con una mujer fuera de campo por algo que acaba de ocurrir. En él, el pasado está siempre presente, aunque no siempre lo nombre. Eso es lo que esa noche le recordó, y que entiende que esa mujer, más joven, con la que discute, no lo entienda, porque no lo vivió, no sabe de qué le habla por más que lo entienda.

Por último, una pareja que trabaja en un hotel, reproduciendo la historia de Hermann Goehring y su esposa. La guerra ha terminado, entonces, ¿por qué continuar? Acaso, quizás, no pueden seguir. Seguir, para estos personajes, es ver ese pasado en el que creyeron, con otros ojos.

La obra está estructurada a manera de trilogía de relatos, sobre textos que, por momentos, por el vocabulario elegido, pueden llegar a sonar algo literarios, sobre todo cuando la actuación está enfocada hacia el realismo. Teniendo en cuenta que cada escena, salvo la última, presenta a personajes individuales no accionando, sino, más bien, elaborando un discurso que narra, y que lo que cuenta, en mayor o menor medida, para lo puntual, puede resultar lejano históricamente al espectador (al menos para generaciones más jóvenes), queda preguntarse en todo caso cuál podría haber sido una alternativa.

Lo que busca quedar, en definitiva, más allá del texto, es algo tan efímero como duradero. Es la memoria en el cuerpo, en la voz, en un acto reflejo. Es la necesidad de supervivencia que deja sus marcas. Es el haber estado con la cabeza al final del cañón de un arma. Es haber creído en un sueño loco que ahora se cae de a pedazos para mostrar la monstruosidad que ocultaba y ¿cómo tolerarlo?

por Diego Braude dbraude@imaginacionatrapada.com.ar

para imaginación atrapada (www.imaginacionatrapada.com.ar) 1/4/2008


Lo que quedó - de Adriana Tursi y Patricia Suárez

"Lo que quedó" está compuesta por dos monólgos y una obra corta unidos por la misma temática. En todos ellos, se habla de cómo sigue la vida una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. "Isolda muerta de hambre", el primer monólogo, muestra a una mujer sola, sentada en una silla que cuenta su historia. No hay más acción que la palabra de esta señora que durante la guerra perdió todo, incluso el cabello. Un monólogo intimista para sentarse a escuchar una historia de vida. "Sal y ceniza" la segunda parte, mantiene la temática pero se permite una dosis de humor. Alejo Mango interperta a un mago / mentalista que sufrió su paso por la guerra y le pide a su asistente / amante / protegida que no se vaya con un hombre que, tiempo atrás, jugó un papel en el destino de muchos judíos. "Los huéspedes", tercera y última parte de la propuesta, nos trae a dos personajes interpretando personajes fantaseando con la idea de que el régimen no cayó. Aquí la confusión de los personajes se traslada al texto y la historia no queda del todo clara. "Lo que quedó" habla de un tema desgarrador como la guerra pero, al tomar la distancia que da el tiempo, no cae en escenas de sufrimiento y desesperación sino que aporta una mirada más tranquila, más reflexiva y resignada para mostrar que aún después de la guerra, la vida continúa.
eNescenaHOY

Alegatos de la gran guerra - LA NACION

Tres obras con actores de jerarquía, como Susana Di Gerónimo y Alejo Mango.
Las tres historias que componen este espectáculo son definidas como de posguerra y tienen como protagonistas a cuatro personas que, de alguna manera, cargan con la mancha y la culpa -y tal vez también la acusación- de haberse doblegado o no haber resistido lo suficiente frente al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la directora y las autoras advierten en el programa de mano que no quisieron hablar en particular de esas dos calamidades históricas del siglo pasado ni de los daños que provocaron en la humanidad, sino de "lo que quedó". Esto si es que puede aludirse a " lo que quedó" con un sentido que no lo incluya entre los daños visibles -o las marcas- que dejaron en el cuerpo o en el alma de las personas los flagelos mencionados.

Bajo ese título un poco ambiguo, las obras intentan indagar en la interioridad de esos seres a quienes la realidad llevó a comportarse ante los nazis de un modo que la sociedad consideró censurable, procuran oír sus explicaciones -a veces turbadas, otras ciegas- y preguntan de un modo tácito a quienes oyen si son capaces de reflexionar con suficiente hondura y ecuanimidad sobre lo que están escuchando. Las piezas abren esos microcosmos individuales y permiten que el público observe y saque conclusiones. Son casos particulares de seres extraviados que no supieron ver o no tuvieron el coraje indispensable que requiere una situación límite, pero que también sufrieron y fueron degradados en lo más profundo.

Hay dos historias escritas en forma de monólogos. En la primera, una campesina de 50 años cuenta ante una cámara que la filma cómo sobrevivió durante la ocupación alemana. En la otra, un prestidigitador, que padeció en otro tiempo el encierro en un campo de concentración y se salvó, le reprocha a su joven asistente que vaya a cenar con un espectador que fue su verdugo. Los textos, que son de Patricia Suárez, describen con fina y certera percepción detalles de la expresión verbal y la psicología de sus criaturas, pero se resienten en su verosimilitud teatral por el hecho de que hablan siempre solas y ese código está débilmente justificado en el relato.

Las personas a las que se dirigen la campesina y el mago no aparecen ni contestan, como en esas conversaciones telefónicas donde alguien transmite el diálogo reproduciendo sus palabras y las que supuestamente formula el que está del otro lado del auricular. Esa falla se acentúa en el segundo de los monólogos. La puesta podría haberla solucionado, como lo hace el texto original, colocando un biombo y una figura detrás, aunque sean simples interjecciones. No basta con que el que monologa explique por qué el otro no le contesta. Hay que hacer eso escénicamente creíble.

La última de las historias pertenece a Adriana Tursi y es del típtico la más teatral. Dos antiguos sirvientes de Herman Goering y su esposa remedan en la habitación de un hotel, que fue lujoso, los rituales de poder y las ceremonias de muerte de quienes fueron sus patrones. El dueño del hotel donde se alojó alguna vez el jerarca nazi llama por teléfono a los sirvientes para que vuelvan a sus tareas. Y ellos se resisten: no es un juego inocente, sino un auténtico delirio en el que las consignas e imágenes del pasado se instalan como un mandato irresistible que rompe todas las compuertas de la cordura y llevan a la fatalidad, una más de aquel tiempo de locura que llega como un eco retrasado.

Muy buenos trabajos

El ámbito escenográfico ideado por Di Pasquo reduce todo a la mínima expresión: una mesa con un paño rojo, una silla y un pequeño cajón sobre el que hay un teléfono. Sobre esos escasos objetos la luz se asienta de a ratos, creando la atmósfera que requiere el momento. En ese espacio, Susana Di Gerónimo y Alejo Mango se mueven con absoluta compenetración de lo que exigen sus personajes y le dan una carnalidad diferenciada. Los suyos son trabajos muy logrados, con la sola aclaración de que en los monólogos su rendimiento hubiera crecido mucho más de haber tenido un partener de carne y hueso. La dirección no valorizó este detalle, pero en los demás aspectos de la puesta cumplió con acierto.

Alberto Catena - LA NACION - 11-04-2008

Micro historias después del dolor

Lo que quedó , Historias cotidianas de posguerra, es un espectáculo compuesto por dos monólogos de Patricia Suarez, y una pieza breve de Adriana Tursi. Pequeñas historias que cuentan desde lo micro de un personaje y el acontecimiento particular, aquello que deja la guerra.
Las tres historias se sitúan tras la finalización de la Segunda guerra mundial, y muestran como los horrores sobreviven en las pequeñas situaciones cotidianas, pero están abordadas con una beta de humor que les otorga cierta frescura y las aleja de un acostumbrado tono solemne.
En "Ysolda muerta de hambre", veremos el relato de una mujer que aceptó favores del enemigo y las humillaciones a las que se ve expuesta finalizada la guerra. En "Sal y Ceniza", nos encontraremos con el instante en que un ex prisionero se cruza con el oficial nazi que decidía quien moría y quien no en el campo de concentración donde estuvo cautivo. En "Los Huéspedes", dos sirvientes juegan a ser sus amos (Herman y Karin Goering), encontrando en ese ritual una manera de no ver la perversión de sus patrones.
Con mínimos recursos escenográficos y elementos básicos los actores logran transitar por distintos espacios y situaciones. El elenco está compuesto en este caso por Susana Di Gerónimo y Alejo Mango, quienes se complementan y sostienen muy bien los dos monólogos que desarrollan al comienzo del espectáculo, generando interesantes climas.
En el caso de la pieza "Los Huéspedes", se intenta abordar desde lo lúdico una situación disparatada y si bien se refiere al contexto de posguerra luego del nazismo, hay signos que están relacionados con el peronismo; quizás en este punto se diluye un poco la historia y el juego se vuelve un tanto confuso.
Con la sensillez de detenernos a “observar lo que quedo de la historia”, como dicen sus autoras, el espectáculo vale la pena y puede verse todos los sábados a las 23.00 hs en el Teatro del Pueblo.
Eva Matarazzo - 11-04-2008
Casting Porteña - periodismo de espectáculos y producción.